Archivos para la Categoría 'Vida Cotidiana'

Reclamando por los “pequeños” abusos

No sé si valga la pena escribir sobre esto. Lo haré convencido de que no siempre lo que uno escribe vale la pena. Basta con leer los diarios, “algunas revistas del corazón”, o leer uno lo que ha escrito en el pasado para convencerse de eso.

La otra noche pagaba un café en una gasolinera (aclaro que no siempre se le puede llamar café a eso, pero hay sus pocas excepciones) cuando un hombre bajo, bastante recio, extremadamente serio le preguntó al cajero de la tienda si se encontraba el gerente. Continuar leyendo ‘Reclamando por los “pequeños” abusos’

¡Quiero trabajar para el Estado!

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foto por zugaldia

En los últimos días he estado bien nostálgico, se me ha metido que quiero trabajar para el Estado de Nicaragua.

Quiero trabajar para el Estado para salir todos los días al mediodía (ahora con la reducción de las horas laborales) y así quizás me de tiempo para terminar varios proyectos periodísticos que tengo pendientes por falta de dedicación e iniciar otros que se me han metido en la cabeza.

Quiero trabajar para el Estado para tener libre los sábados todo el día y dedicarme a jugar béisbol, o quizás para tomar unas clases de literatura.

Quiero trabajar para el Estado para pagarle un porcentaje de mi salario a un sindicalista (que lo único que sabe es reclamar, pedir, pero jamás propone) y que éste, año con año, cuando se discuta el presupuesto, exiga un aumento de salario para todos los que le pagamos, amenazando con empezar una huelga si no nos aumentan. Continuar leyendo ‘¡Quiero trabajar para el Estado!’

¡Protesto por todo!

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foto por enrique.araya

Normalmente me opongo a casi todo. Protesto pacíficamente, exponiendo mi punto de vista, y casi siempre tengo la razón. Si no juzguen ustedes.

Caso 1. El otro día estaba en la sala de cines de un centro comercial de Managua viendo una película francesa que apenas comenzaba cuando dos jóvenes, a pesar de que la sala estaba vacía, llegaron cerca de mí y en vez de mirar la pantalla comenzaron a platicar. Continuar leyendo ‘¡Protesto por todo!’

“El laberinto” de una asegurada

Foto: CarlosMendoza

La mujer llegó de madrugada al hospital. Se quejaba de dolores de parto. Su barriga y sus pies estaban a estallar, según se notaba por las sandalias suaves que usaba. La enfermera vistiendo un impecable traje blanco, se levantó de la camilla en las que estaba durmiendo desde hacia 40 minutos, luego de una jornada cansada que aún no terminaba. Eran las 3:35 de la mañana y su turno terminaba a las siete.

A pesar de eso, con una mirada amable le tomó el pulso a aquella embarazada. Lo tenía a reventar. Su presión estaba alteradísima. Terminado de apuntar sus hallazgos en el expediente de la embarazada estaba, cuando una mujer alta, delgada, elegante, vistiendo un traje negro que relucía aún más su figura de árabe, ingresó a la misma sala. Continuar leyendo ‘“El laberinto” de una asegurada’

¡Jamás una muerte me había impactado tanto!

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foto: Adapar

Lo vi apagarse lentamente. Sus fuerzas mermaron frente a mis ojos y jamás una muerte me había impactado tanto. Daniel, mi abuelo paterno, murió a los 72 años, pero antes que la insuficiencia renal lo llevara a su fase terminal, aparentaba 55. De joven le apodaron el chavalo porque siguió jugando béisbol a los 48 como si tuviera 25, según cuentan en mi tierra.

Sus únicos vicios en la vida fueron (si es que pueden llamárseles vicios), el café y el béisbol. Luego se dedicó a sus hijos primero y a sus nietos después. A sus siete hijos los educó trabajando digna y arduamente en las haciendas cañeras de la familia Somoza en el ingenio Montelimar que al triunfo de la revolución sandinista –que mi abuelo y todo sus hijos apoyaron– pasaron a manos de la nueva administración. Continuar leyendo ‘¡Jamás una muerte me había impactado tanto!’

En contra de las imposiciones

Foto Por CNT-Sevilla

Anécdota. Desde pequeño me obligaban a visitar una iglesia protestante. Los domingos mientras yo deseaba estar jugando béisbol en las ligas infantiles –como lo hacían mis amigos– una mujer con cara de hipócrita me enseñaba textos bíblicos en las llamadas “clases bíblicas dominicales”. Así fue como acepté la primera imposición y vino de mis padres.

Recuerdo que yo era quien primero se aprendía las lecciones para irme a ver –mientras llegaba la hora para pasar en frente de todas las señoras y señores de la iglesia a presumir lo que la maestra nos había enseñado– a mis amigos jugar en el campo de béisbol que quedaba a pocos metros de la iglesia. De mi pasión sólo me separaba una malla. Continuar leyendo ‘En contra de las imposiciones’


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