| Foto: CarlosMendoza |
La mujer llegó de madrugada al hospital. Se quejaba de dolores de parto. Su barriga y sus pies estaban a estallar, según se notaba por las sandalias suaves que usaba. La enfermera vistiendo un impecable traje blanco, se levantó de la camilla en las que estaba durmiendo desde hacia 40 minutos, luego de una jornada cansada que aún no terminaba. Eran las 3:35 de la mañana y su turno terminaba a las siete.
A pesar de eso, con una mirada amable le tomó el pulso a aquella embarazada. Lo tenía a reventar. Su presión estaba alteradísima. Terminado de apuntar sus hallazgos en el expediente de la embarazada estaba, cuando una mujer alta, delgada, elegante, vistiendo un traje negro que relucía aún más su figura de árabe, ingresó a la misma sala. Continuar leyendo ‘“El laberinto” de una asegurada’